domingo, 30 de agosto de 2009

Lucha de amor



Una erupción volcánica
se gesta en mi interior;



por la luz,
por tu voz,
por la proximidad de tu piel,
la lava me recorre;



alcanza mis ojos
que clavo en los tuyos;



mis manos encendidas,
peregrinando por tu cuerpo,
despiertan al titán,
hasta ahora dormido en ti.



Emerge poderoso,
ante un alud de magma ardiente.



Se crece en su ataque,
y provoca un estallido
de inusual vehemencia,
al acercarse a la cima.



Sin temor a las llamas,
penetra en el cráter.



Después de instantes infinitos
de lucha sin cuartel,
consigue extinguir el fuego,
entregando a cambio su propia vida.





© Magdalena Albero



sábado, 29 de agosto de 2009

La ilusión y el tiempo

Cuánto de lo que somos
se lo debemos al tiempo
que, con su simple transcurso,
distancia lo ilusorio de lo cierto.

Cuán peligrosa es la ilusión
levantada a golpe de deseo,
que nos lleva a preterir la realidad
a los artificios de un mero señuelo.

© Magdalena Albero 2009

miércoles, 26 de agosto de 2009

Emulando a Pigmalión


Tal como la gota de agua con el tiempo
moldea la piedra,
aspiro a que, con la persistencia,
mi amor amplíe tu universo.
Desde hace años, los sabios
nos han enseñado que
el lenguaje conforma el pensamiento;
pero solo se desarrolla
a requerimientos de la necesidad.
Por tanto, nuestro pensamiento,
eso tan nuestro,
resulta depender de lo que nos rodea.
Y, por eso,
quiero modificar tu entorno, amor.
Donde hubo desapego,
quiero mostrarte la dulzura de la caricia.
Donde hubo des-precio,
quiero que sientas la valoración de los matices.
Donde hubo vergonzante negación del cuerpo,
quiero llevarte al éxtasis del amor corporal.

Solo después,
cuando disfrutes de un mundo sin confines,
si es eso lo que sientes,
dime que me amas.
© Magdalena Albero

domingo, 23 de agosto de 2009

Mi tristeza

Mi tristeza
es una delicada filigrana
tejida con la pérdida

de tantos a los que amé.

Mi tristeza,
se alimenta de la ausencia
de muchos de aquellos
en los que llegué a creer.

Mi tristeza,
tiene unos cimientos sólidos:
la convicción de que la hipocresía,
vence una y otra vez.

Mi tristeza,
tiende a crecer cada día;
demasiados vecinos hostiles
rodean mi frágil defensa:

la mentira, el desamor,
el cinismo, el desengaño...

hoy, para luchar, me falta el valor,
quizás mañana salga de ella.

Me acurruco, recuerdo, añoro....
me entrego al agridulce sabor
de mi tristeza.

© Magdalena Albero

viernes, 21 de agosto de 2009

¿Qué amabas de mí?


Cuando mi piel era de melocotón
y mi cuerpo de niña,
me decías que me amabas,
¿Qué amabas de mí?
Cuando mi cuerpo de mujer
exhalaba aromas frondosos
y mi piel era dúctil,
¿Qué amabas de mí?
Cuando encontraste otra piel,
otro cuerpo,
en que enterrar tus deseos
¿Nada te recordaba a mí?
¿Y ahora pretendes que te considere
un alma herida por el amor?
Dime, ¿qué entiendes por amor?
¿La simple atracción de dos cuerpos vivos?
Prefiero el destierro del autismo;
prefiero la soledad, como losa de mi tumba;
antes que ser el objeto efímero,
nunca declarado de tu amor.

© Magdalena Albero


martes, 18 de agosto de 2009

Evocación ardiente


Observo cómo me transforma tu ausencia:
Ahora mi cuello es zona de guerra, tierra muerta,
salvo cuando revivo tu aliento en él.
Mis oídos no consiguen descodificar
los sonidos que me rodean:
vuelven a reproducir, una y otra vez,
obsesivamente,
el ronco murmullo
de tu voz entre las sábanas.
Me adormezco y una violenta sacudida
me arranca del sopor:
tu aroma,
verdad entre las verdades,
único,
me hace evocar tu cuerpo en lucha con el mío.
Extiendo los brazos:
mis manos buscan
tu piel
suave y húmeda;
tu boca,
el sabor de tus besos,
largos e intensos.
Te sueño:
potente, dominante,
amo dulce;
tu imagen quema mi retina;

Te aproximas:
me estremezco
cuando tus dedos
recorren mis piernas;
me doblego.
Tus labios acarician mi vientre:
mi avaricia ya no tiene término;
solo soy ansia de ti.
Te siento dentro de mí.
Me arrastras lejos del mundo,
pierdo la noción del tiempo y del espacio,
pierdo la noción de los límites de mi piel.


© Magdalena Albero 2009

sábado, 15 de agosto de 2009

Tu mirada



Como un gorrión

con las alas quebradas;

quieta, indefensa,

por tus ojos prendida,

me abraso en tu mirada.

© Magdalena Albero

Un pequeño error

Desde nuestra primera cita, los sms se convirtieron en un aliado imprescindible para nosotros. Los viajes y las reuniones a las que constantemente debíamos asistir nos impedían vernos e, incluso, mantener una conversación telefónica la mayor parte de los días laborables.

Procurábamos escaparnos los fines de semana. Buscábamos un lugar alejado de los obstáculos cotidianos y, como poseídos, nos entregábamos el uno al otro.

El regreso cada lunes a la vida real se iba haciendo más difícil con el paso del tiempo.

- Ya estoy echándote de menos, y aún estás conmigo.

Al oírlo, se me inundaron los ojos de lágrimas.

Aquella despedida estaba resultando especialmente dolorosa. Durante tres largas semanas no podríamos vernos, y yo no conseguía reunir fuerzas para dejar de besarle, coger mi bolsa de viaje y salir del coche.

No sé cuánto tiempo pasó hasta que, sin saber cómo, me vi en el ascensor, camino de mi apartamento. Zumbaba en mis oídos su voz entrecortada por la emoción:

-Te quiero. Lejos de ti no hago más que contar las horas que faltan para tenerte entre mis brazos.

Estaba ya en casa, soñando aún con los ojos abiertos, cuando llegó su sms:

“Ma cherie, 4 heures pour te prendre dans mes bras...”

Pasaron minutos antes de que lograra comprender.

Esa noche él viajaba a París.

Había sufrido un error al seleccionar el destinatario.


© Soledad

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jueves, 13 de agosto de 2009

Palabras vanas


Como las dunas
con el soplo del viento,
desaparecen,
convirtiéndose en otras
ante tu perplejidad.


© Magdalena Albero

Déjame quererte

Déjame quererte

y no digas nada;

inventaré el significado de tu silencio

para soñar que somos una única alma.


Déjame acariciarte,

pero no me respondas;

no quiero que tus manos me revelen

que contestan al reclamo de otra piel.


Déjame besarte, sin que me mires,

que temo descubrir en tus ojos

la nimiedad de lo que tú llamas querer.


Déjame tenerte así:

callado, quieto, ausente,

sin ningún gesto que te delate,

a merced de mi imaginación.


Quizás,

entonces,

también yo llegue a creer

que vivimos un gran amor.

© Magdalena Albero